Cualquier día de estos en Hollywood se inventan un subgénero que se llame dramas sobre solteros que no querían ser padres y que la coincidencia, la obligación o el azar los lleva a serlos.
A veces creo que es la venganza de un productor, guionista o director (o de los tres juntos), que viéndose casados y con hijos añoran cómo eran los años de soltería irresponsable y lo traducen en películas donde generalmente los padres de a dedo tenían un pasado reciente de fiestas, ropa linda, nueva y limpia y mucho individualismo.
Luego viene el dilema de seguir siendo divertidamente egoístas o sentar cabeza, y claro, es políticamente correcto en la Meca del Cine (y en el mundo) optar por lo segundo.
Además, en el fondo, la audiencia (salvo una pequeña minoría) sueña con tener una familia propia, aunque después cometa los mismos errores en los que cayeron sus padres y que ellos juraron que no iban a imitar.
A ese grupo pertenece la mediocre y predecible Bajo el mismo techo (Life as we know it). Pero esta cursi y bien intencionada producción no es la única que maneja estas situaciones colmadas de estereotipos.
Recuerden a Raising Helen (2004), de Garry Marshall, sobre una chica parrandera que termina criando a los tres hijos de su hermana. Simpática, pero olvidable.
Hay variantes donde la madre existe, pero no está preparada para serlo (y quién sí) ni tampoco lo están sus repentinos amigos (a veces la mejor familia que se puede adquirir en el mercado de las emociones) como en Where the Heart Is (2000), de Matt Williams. Aunque no convence ver a dos hermosas mujeres blancas en aprietos (Natalie Portman y Ashley Judd).
De este grupo solo me gusta About a Boy (2002), de Paul y Chris Weitz. Quizás porque adoro las novelas de Nick Hornby, a lo mejor porque me encantan los personajes disfuncionales incomprendidos y superficiales, porque los actores Hugh Grant y Toni Collette tenían una excelente química o por todas las razones anteriores.
Pero Life as W Know It no fue escrita por Hornby (ya quisieran sus productores).
Es la historia de dos jóvenes adultos, encantadores y bellos (Katherine Heigl y Josh Duhamel), que como es de rigor no se soportan al inicio de la trama y como ya es una tradición se enamoran perdidamente al final.
Sé que Life as W Know It habla sobre el miedo al compromiso, a los riesgos que trae consigo ser papá (a cualquiera edad) y que la paternidad es más estresante que el último nivel del más sofisticado videojuego, pero todo eso lo sabemos a partir de escenas cliché (vómitos de niños, eruptos), chistes bobos, personajes simples y unas actuaciones que deberían ser ya nominadas a los premios Razzies.
