Los antiguos pobladores de origen estadounidense de la llamada Zona del Canal de Panamá lograron una gran hazaña, al rediseñar y reorganizar la excavación de la vía entre dos océanos. Además, aprovecharon los adelantos ingenieriles de inicios del siglo XX y los descubrimientos epidemiológicos de la época contra la malaria y la fiebre amarilla, para culminar la construcción, operación y administración de esta “maravilla del universo” de manera eficiente. Como héroes que potenciaron el poderío de Estados Unidos, fueron premiados con enormes privilegios, subvenciones, exoneraciones y lujos que les permitieron establecerse en un paraíso terrenal y tropical, quedándose aquí por varias generaciones.

Este trópico, maravilloso y saneado, se convirtió en su noble vecindad (servicial y sumisa), pero confundió a su prole de forma tal que no se sentían estadounidenses ni panameños. Gracias al goce por el usufructo de los ingresos y servicios del Canal, se creó“una nueva raza en América”, como les llamaría en la década de 1950 mi padre Toño. Y es cierto, ellos se sentían realmente soberanos en aquel territorio. Los ingresos del Canal y de los surplus del Ejército acantonado aquí se utilizaron para lobbies en el Senado y en el Congreso de EU, y para coloquios con panameños “prominentes”, manteniéndose seguros y tranquilos hasta colmar la paciencia de los ciudadanos más conscientes, por sufrir de cerca las inequidades de la discriminación económica y social de esa aberrante relación.

Los zonians, rechazados aquí y allá, se han ido. Y los que se quedaron ahora están integrados a la tierra que les vio nacer. Estos despertaron bruscamente del sueño encantado y han comprendido esas viejas reclamaciones panameñas. Ya no añoran su pasado, pero aman el presente. Sin embargo, los que se fueron y algunos de nuestros conciudadanos que tenían carta blanca en Quarry Heights Officer’s Club, Horoko, Golf Club, Balboa y Gamboa Yatch Club, en la Gobernación del Panama Canal, en la Embajada y el Consulado de EU, hoy no solo añoran aquellos tiempos, sino que toman el viejo rol, prosperan aun más en soberanía y utilizan los mismos medios para el control, explotación y usufructo insostenible del Canal y de las áreas que han revertido.

Hoy, estos tienen el descaro de tildar de “nuevos zonians” y de “enemigos del progreso” a quienes quieran defender la preservación de ese patrimonio nacional, especialmente, su carácter arquitectónico y sus riquezas naturales; borran nuestra historia en forma sistemática, hábil y audaz, porque se sienten más estadounidenses que los nacidos en aquella nación, y se regodean con reglamentos y autodecretos que permiten el hermetismo y elitismo corporativo empresarial. Ellos utilizan enormes sumas de dinero para hipnotizar a la comunidad nacional e internacional, mientras tanto, por ejemplo, dan visto bueno a proyectos destructores de los recursos naturales, para luego angustiarnos con la sequía y la escasez del recurso agua.

A muchas generaciones que lucharon por la soberanía y la dignidad nacional, que han producido cientos de profesionales y ciudadanos brillantes, excelentes técnicos, trabajadores y obreros útiles en demasía, se les ha vedado el acceso a posiciones hasta de porteros en el Canal, con excusas baladíes. Ni hablar de la posibilidad de ocupar cargos directivos, si proceden de escuelas o colegios populares. Aquellos que lo han logrado ha sido por su participación en las negociaciones de los tratados en los tiempos en que las mentes más politizadas y preclaras eran necesarias para que ambos, Estados Unidos y Panamá, por motivos estratégicos y geopolíticos, pudiesen superar las causas del conflicto, puestas en evidencia ante el mundo debido a las continuas luchas generacionales y la eclosión del 9 de enero de 1964.

Esos son los “nuevos zonians”, viven, compran, venden y pelechan de todo lo nacional, en especial, de la nueva coyuntura propicia para los businesses. Si no moderan sus ambiciones y su rumbo, veo un nuevo 9 de enero, pero con adultos decepcionados e indignados. En mis pesadillas veo otro 9 de enero de ruptura con la opresión mercantilista que irresponsablemente pone en peligro nuestra débil soberanía (por lo del “paraguazo del Pentágono” y la neutralidad). ¡Qué pena y qué horror! ¡Despertemos!