Los múltiples problemas sociales, que se derivan de una mala distribución de los dineros, hoy por hoy, comprometen al panameño a decir: SÍ a la ampliación del Canal, como la alternativa que el Gobierno y la ACP han ofrecido para solucionar estos males.
El estancamiento económico, más bien el retroceso económico que vive el promedio de las familias panameñas, indica la urgencia impostergable.
La realidad circundante grita desesperadamente por mejores días. Las universidades están abarrotadas de participantes que deben decidir entre las carreras accesibles a su bolsillo y la poca posibilidad de contar con una fuente de ingresos económicos al finalizar.
La pregunta del millón es ¿por qué hay tanta oposición? Parece que estamos sumidos en una maldición mitológica de la que no podemos zafarnos.
Estamos condenados a llevar a cuestas una pesada roca, llámese pobreza, mala planificación, salarios bajos, deficiencias en los servicios públicos sobre todo en educación y salud o promesas proselitistas en las épocas electoreras. También un personaje de la mitología griega llamado Sísifo, fue forzado a llevar una pesada roca desde el abismo de un monte, tirarla y repetir continuamente la acción. Así estamos en Panamá, antes del 68 los oligarcas, después los militares, Noriega, la invasión, luego los gobiernos democráticos y nadie ha librado a Panamá de esta pesada carga.
Haciendo un ejercicio didáctico para deducir la veracidad de la comparación de la maldición mitológica griega donde Sísifo hace circular su piedra una y otra vez, recordemos que en la década del 70 se hicieron promesas e inversiones de cara a los embalses y las hidroeléctricas; prometían que Panamá tendría la tarifa más baja de la región e incluso vendería electricidad a Centroamérica.
A fines de esa década recibimos la grata noticia de que el Canal de Panamá sería nuestro a partir del año 2000, razón de peso para que nuestra economía se regenerara y hubiese mejor repartición de las riquezas.
En las campañas politiqueras se han pronunciado frases como: "el pueblo al poder", "será un gobierno para el pueblo", "un gobierno basado en la justicia social"; "combatiendo el desempleo, la pobreza"; "más empleo, menos impuestos y más soluciones"; y "no habrá reformas fiscales saca plata", entre otras.
Tenemos las hidroeléctricas, las deudas y la electricidad más cara de la región, ya podemos comprarle electricidad a Centroamérica; el Canal de Panamá es nuestro desde hace seis años; hemos tenido los presidentes que hicieron las promesas; sin embargo, el pueblo en su mayoría vive una carrera acelerada hacia la pobreza. Panamá no produce petróleo, pero tiene pozos de riqueza que la región no tiene; contamos con una Zona Libre, centro bancario, puertos de gran calado, Canal de Panamá y no salimos de ser un país tercermundista, o sea, un país rico con mucha gente empobrecida.
¿Quién es el líder en el que los panameños pueden confiar? ¿Será Alberto Alemán Zubieta, Mireya Moscoso, Martín Torrijos? Todos aprueban la ampliación.
Es la falta de credibilidad lo que hace que salte la incertidumbres y las dudas acaricien nuestras conciencias, a la hora de decidir en un referéndum.
