Navidad, Natividad. En algunas acepciones son sinónimas. Ambas provienen del vocablo latino nativitas.

Es el día en que se conmemora y celebra el nacimiento de Jesús y, además, la época previa y posterior hasta la festividad de reyes. Me refiero al lenguaje cotidiano. No sé si existe una distinción en la jerga religiosa.

Natividad, además, significa nacimiento. Ambas se escriben con mayúscula inicial cuando se refieren al nacimiento de Jesús. Aunque el acontecimiento es uno solo, a veces se emplea en plural: Navidades, Natividades. Un ejemplo similar es: Carnaval, Carnavales. Opte por la forma singular. Status quo, estatus. Statu quo es una frase latina. Estado actual de las cosas. Se usa cuando se observa de manera tácita ese estado.

Se trata, por lo general, de asuntos con dos partes interesadas más o menos contrapuestas, en el que un conjunto de factores forman un equilibrio (status quo) más o menos duradero en el tiempo, aunque, en principio, no igualitario (en una situación de dominación existe un status quo a favor del dominador).

En la frase “mantener el status quo”, no varía la situación de equilibrio anterior al momento en que se dice, aunque los factores individuales pueden cambiar, pero de forma complementaria, haciendo que se mantenga el estado de equilibrio global.

En la política y la diplomacia, el término se utiliza con el objetivo de mantener la ambigüedad sobre la situación a la que se refiere, de forma que se evita explicitar los factores de enfrentamiento que existen, aunque los interlocutores saben de qué se trata. (“Se reunieron para preservar el status quo”).

Aunque su origen es latino, del inglés hemos adoptado status, y ese vocablo ha dado paso a ‘estatus’, versión españolizada, y con otros significados: por un lado, aquella posición que una persona ocupa en la sociedad o dentro de un grupo (“le importaba en ese momento su estatus en la asociación”), y aquella situación relativa de algo dentro de un marco de referencia. (“El estatus de los conceptos dentro de la teoría”).

Elucubrar. Verbo de origen latino. En apariencia sus significados difieren. Es imaginar algo sin mucho fundamento, por un lado, y por el otro, es elaborar una divagación complicada y que aparenta profundidad. En el tiempo presente del modo indicativo: elucubro/elucubras/elucubramos/elucubran/elucubran. (“Se elucubran muchas hipótesis en esta tierra”).

Decimosexto o dieciséis. Por convención se ha establecido que, a partir del diez (X), los números ordinales romanos se leen como cardinales.

Por esa razón, al jefe de la Iglesia Católica lo llamamos Benedicto dieciséis (XVI), y no Benedicto decimosexto. Es un acuerdo no escrito, pero vamos a respetarlo. La Real Academia Española se ha sumado a esta convención.

Como la norma no alcanza a aquellos números romanos inferiores al diez (X), decimos Juan Pablo segundo (II) para nombrar al antecesor de Benedicto dieciséis (XVI).

Ítem. Palabra latina. Del mismo modo. Se usa bastante en la ciencia psicológica para indicar cada una de las partes de un test. O prueba. Como álbum, termina en ‘m’ y el plural es ítemes.