Los ideales del bardo y dramaturgo español Miguel Hernández (Orihuela, 30 de octubre de 1910 – Alicante, 28 de marzo de 1942), de quien se cumplen 100 años de su nacimiento, son válidos hoy más que nunca.
“Mientras haya hombres honestos y sensibles sobre la Tierra, Hernández es expresión ejemplar de humanidad. Y, aunque murió joven, su corta vida sigue dando luz, igual que su poesía”, manifiesta el poeta istmeño Dimas Lidio Pitty.
“Miguel Hernández no solo fue un extraordinario poeta de innegable talento, también fue un ciudadano comprometido con el bienestar y el futuro de su patria [España] y del mundo, pues fue un antifacista convencido y militante”, expresa, por su parte, el bardo nacional José Carr.
Añade Carr que Hernández “tuvo una salud política envidiable, porque siempre supo ponerse del lado de la justicia y de la razón histórica, esa que no es posible medir con encuestas inmediatistas, manipuladas y acomodadas a los intereses de los poderosos”.
Su colega en las letras, el poeta panameño Manuel Orestes Nieto, considera que “la poesía social de Miguel Hernández, de ‘panfleto cero’, expresión poética de una intensa musicalidad, hija de su pueblo y denuncia de las desigualdades, atraviesa el tiempo y enarbola una asombrosa bandera de honestidad”.
Imagina Manuel Orestes Nieto que “si hoy Hernández escribiera, sería el mismo poeta apelando al ser humano y no a la barbarie, a la solidaridad y no al egoísmo, a la sensibilidad ante los marginados y mostrándonos la injusticia intrínseca de la pobreza”.
Y agrega Orestes Nieto que a Miguel Hernández, “su compromiso personal, artístico y ciudadano que le caracteriza es, sin duda, un hecho vigente y ejemplar; los motivos de sus luchas y su prematura muerte todavía están aquí y hay otros como él, que también luchan y no se dejan vencer”.
El también poeta istmeño Héctor Collado piensa que los ideales por los cuales murió el creador de obras como El rayo que no cesa y El labrador de más aire, “son universales, por tanto imperecederos. Cuando lo humano toca la palabra, la esperanza es una posibilidad. Las ideas no se cansan, no se gastan, cambiaría el lenguaje la nomenclatura, pero el fin sería el mismo”.

