Durante el gobierno pasado se inauguró, con bombos y platillos, la línea 1 del Metro de Panamá, y este lunes se dio la orden de proceder para construir la línea 2. La planificación de esta obra requirió ingentes estudios de transporte, infraestructuras, tránsito, geológicos, de población y urbanísticos, plasmados en las propuestas presentadas.
Ahora vemos, con agrado, que la línea 1 funciona de manera regular y que se hacen ajustes para mejorar su eficiencia técnica. Cada día la población aprende a moverse de un punto a otro, de manera más rápida y eficiente. Salvo un par de desperfectos técnicos, que han interrumpido la circulación por momentos y algunas lluvias torrenciales que inundaron ciertas áreas, la línea 1 cumple su función de movilizar a los usuarios. Las estadísticas así lo demuestran.
Sin embargo, quedan por resolver temas urbanísticos complementarios a la población, más allá del simple hecho de movilizar a la gente de un punto a otro, de forma eficiente. El éxito de la operación del Metro también se debe medir en función de que los usuarios tengan acceso expedito y eficiente a las estaciones. Lastimosamente, la realidad es otra.
El acceso a ciertas estaciones deja muchísimo que desear. La mayoría no tiene un diseño urbanístico que mejore el ingreso peatonal y permita el libre flujo de usuarios. Algunos son poco funcionales –mezquinos en tamaño y diseño–, mal iluminados y peor señalizados, sin el equipamiento urbano que requiere una obra de uso masivo. Solo algunas estaciones, principalmente las subterráneas, incluyen cierto complemento de diseño urbanístico. El resto de los accesos parece de un Metro del tercer o cuarto mundo. Es patético ver a la población caminando por aceras pocos amigables para ingresar a las estaciones, sin seguridad, iluminación ni señalización y con materiales de tercera. Para que un Metro opere con eficiencia, sobre todo, en la ciudad de Panamá, el diseño de las estaciones deben incluir buenos accesos peatonales, con todo el equipamiento requerido. Si eso no se hace de forma paralela y complementaria, tendremos accesos desfigurados en su función y uso.
Por otro lado, el diseño urbano y las obras complementarias a realizar en la franja intermedia a todo lo largo de la vía elevada, no existen. ¿Qué espera la Secretaría del Metro? Será que le quiere pasar esta responsabilidad a los municipios de Panamá y San Miguelito? No nos parece correcto.
Esta franja es muy importante para el ornato de la ciudad, por lo tanto, debe ser ambiental y paisajísticamente recuperable. Reitero, si no se diseña y se entrega en debida forma, tendremos un Metro inconcluso. Tanto en su diseño como en su concepción. Y si esta es la muestra urbanística y paisajística que nos ofrece la línea 1, ¿qué podemos esperar de la línea 2?
