El barrio de casitas destartaladas, edificios ruinosos, descampados y sórdidos callejones que se encuentra al noreste de Washington D.C., a la espalda del Capitolio, tenía hasta hace pocos años fama de peligroso, porque, entre las familias negras de escasos ingresos que lo habitaban había gentes de mal vivir y los atracos y hechos de sangre eran frecuentes.

Pero, ahora, toda la zona experimenta un renacimiento. Se han mudado a vivir en ella parejas jóvenes, bohemios, artistas, estudiantes, y han surgido en sus calles clubes de jazz, bares, restaurantes, galerías y cafés donde encuentra refugio y querencia buen número de intelectuales, escritores, músicos y, en general, la colectividad que se interesa por la cultura en esta ciudad de funcionarios, cabilderos, diplomáticos y gentes de paso que es la capital de Estados Unidos.

Pese a haber vivido varias temporadas en Washington D.C. sólo ahora he conocido este barrio gracias a la resurrección de un pequeño teatro, H Street Playhouse, rebautizado ahora Scena, que gozó de cierta celebridad cuando se fundó, a principio de los años 1940, por razones más sociales que artísticas, pues fue el primer teatro de la ciudad que, desafiando la segregación todavía reinante, permitió que los espectadores negros se mezclaran en sus butacas con los blancos.