El cambio climático a escala mundial provoca afectaciones en el planeta con consecuencias graves para la supervivencia de la especie humana y esto nos obliga a buscar nuevas formas de producción, a cambiar los hábitos y estilos de vida, a conservar los recursos naturales que nos quedan e innovar hacia otras formas de producir energía verde.

Uno de los mayores problemas que enfrentan los países en desarrollo es el mal uso de recursos básicos como el agua, el suelo y los bosques. Hay que tomar conciencia de que la disponibilidad de ellos dependerá del manejo inteligente que se les aplique para su adecuado aprovechamiento y conservación.

El suelo es el medio fundamental para la producción agropecuaria, sirve de soporte, suministra agua y elementos nutritivos a las plantas. De él depende su crecimiento y desarrollo, por consiguiente, la magnitud y calidad de las cosechas. Uno de los problemas serios que se presenta en la agricultura es la manifestación de la degradación de los suelos, lo que merma el rendimiento agrícola.

Hoy, en la campiña, observamos cómo los campesinos siguen utilizando prácticas agropecuarias que dañan el medio ambiente, por eso, es necesario enseñarles nuevas posibilidades que les ayuden a producir sus alimentos sin afectar los suelos, el bosque ni las fuentes de agua.

Actualmente, en el contexto regional y en algunas comunidades rurales de Panamá, se aplica el concepto de “plan de manejo sostenible de fincas”, bajo un enfoque de uso integral de los recursos naturales existentes en ella. Esta modalidad permite que el propietario vea desde otra perspectiva el potencial de su terreno, al incorporar nuevas áreas a la producción que antes no consideraba o al proteger zonas de bosque en las partes altas.

Estas pequeñas áreas boscosas sirven de protección a las fuentes de agua para impulsar actividades de ecoturismo a pequeña escala; para desarrollar zoocriaderos en semicautiverio; para la producción de miel orgánica; para semilleros forestales y de flores silvestres, entre otros. También, estos bosques pueden ser objeto de pago por servicios ambientales que sería otro ingreso adicional. En resumen, el uso del suelo dentro de la finca puede ser agrícola, ganadero, forestal o mixto. Es decir, en sistemas agroforestales (cultivos más árboles) o silvopastoriles (ganado más árboles). En este contexto de opciones al productor, el uso del fuego para limpiar y abonar el terreno no es necesario. Esa acción se elimina por completo con la incorporación de leguminosas rastreras (mucuna, canavalia, frijol) que sirven para controlar las malezas y aportar nutrientes esenciales como el nitrógeno.

Las leguminosas rastreras tienen ventajas para el productor y el ambiente: reducen la degradación de recursos naturales y de residuos de agroquímicos; disminuyen las pérdidas de suelo por erosión, la deforestación y la pérdida de biodiversidad; minimizan la infertilidad por el quemado y mejoran la infiltración de agua en el suelo.

En todo este proceso de cambio es importante que los entes responsables desarrollen actividades de extensión rural que coadyuven a la creación de una cultura de producción ecológica, a través de la promoción de pequeñas fincas manejadas en forma sostenible. Lastimosamente, el 75% de los suelos en Panamá son de vocación forestal, y tienen serias limitaciones para la producción agropecuaria. Al final, como consecuencia de la aplicación de un plan de manejo sostenible, el pequeño productor se convierte en un aliado del ambiente, mejora su calidad de vida, tiene más ingresos y su finca adquiere mayor valor económico.