En ese sentido, a lo largo de varias generaciones era la idea del hombre superior por encima de la omnipotencia del poder temporal, que es efímero. Es urgente una tarea de conciencia de lo que significa la magistratura con actividad de la inteligencia, y en la órbita valorativa de la moral. Es imperante plantear un nuevo rumbo para ir en contra del desprestigio en el que la han sumido los adláteres, del más ruin proceso de postración a que la han sometido y arrodillado los titiriteros de ocasión erigidos en poder político.

Es contra esa malignidad de caja de Pandora que debe volcarse la nueva gestión administrativa del movimiento Patria Nueva, en los más firmes caminos de la filosofía que inspiró a Omar Torrijos para crear al Partido Revolucionario Democrático, colectivo político de nuestras grandes mayorías nacionales.

Ese debe ser el norte y la brújula de nuestros líderes políticos, para buscar que la magistratura recobre su primer sentido vital ético. Esa debe ser la norma visionaria de la magistratura. Solo en esa línea podremos caminar hacia el futuro promisorio que la sociedad panameña exige.

Ante el escenario de corrupción de los ocupantes de la máxima corporación de justicia, se hace necesario cambiar el sistema de selección de los magistrados de la Corte Suprema de Justicia, convertida hoy en una cortesana mediocre, donde no impera la justicia sino la impunidad rampante, el desprestigio y el cuestionamiento popular.

Sería iluso pensar que los magistrados escogidos por la partidocracia pusieran en práctica algunos conocimientos o enseñanzas del Dr. Justo Arosemena, considerado como el padre de la profesión de los abogados; pero sería ideal, para constituir una Corte más justa y honesta como templo sagrado de la justicia nacional.

Es oportuno que los actuales magistrados de la Corte Suprema de Justicia, por decoro, dignidad y principio pongan sus cargos a disposición del presidente electo, Martín Torrijos Espino, para que el nuevo mandatario tenga la amplitud de evaluar la conformación de una Corte con prestigio que sea el orgullo del pueblo dentro del marco de la confiabilidad de la jurisprudencia.