Un recordado director de Aeronáutica Civil citó una vez a un piloto de helicóptero por estar volando sobre área prohibida. El infractor lo primero que hizo fue ir sacando la billetera para pagar su multa y salir. Su interlocutor lo mandó a guardar su dinero y a sentarse a escribir planas alusivas a su delito so pena de perder la licencia de inmediato. Y allí se pasó el día escribiendo el altanero y arriesgado joven.

Desdén similar se aprecia en Panamá por parte de los conductores de automotores. Es común decir: "pago la multa y adiós". Es la suma de las pequeñas infracciones la que da al final del día, como resultado, los tranques interminables, el retraso de la economía y otros aspectos vitales. ¿Cuántos no paran el carro en plena calle para comprar raspado, conversar, peinarse, etc.? Cuántos infractores frecuentes pronto serán asesinos por ir desdeñando las faltas menores y medias?

(Cuando quiera una gran cosecha de temerarios multables, llegue a la esquina del Niko’s Café y verá cuántos conductores arriesgan la vida, atravesando la calle cincuenta de manera prohibida).

En Brasil existe la ley de los puntos. Un infractor que acumula veinte puntos pierde su licencia por un año (la primera vez) y es enviado a cursos de recapacitación. Los puntos se adjudican según las faltas, así: leves: 3; medias: 4; graves: 5; gravísimas: 7, siendo estas inclusive multiplicables por agravantes. Las infracciones son codificadas y computadas a nivel nacional y adjudicadas a conductores, propietarios e inclusive a pedestres según su clasificación. (Ver: www.detran.pe.gov.br/tabela_infracoes.shtml).

Como ejemplos de cada una de las categorías, tenemos:

Leve: No usar cinturón de seguridad o no vigilar que los pasajeros lo hagan.

Media: Parar el vehículo en vía contraria.

Grave: Adelantar a otro vehículo por lo hombros de la calle.

Gravísima: Dirigir amenazando a los peatones que estén atravesando la vía pública.

Esperamos que las autoridades puedan adoptar medidas similares en nuestro país para beneficio de todos, inclusive de los infractores, que al final, también son víctimas.