Acaba de concluir la "Semana del Adulto Mayor" con su cortejo de misas, desfiles, coronaciones de reinas, presidentas y juegos para que... "siga la fiesta". Paradójicamente se agitaban en el plano internacional las "cúpulas" de líderes de asociaciones de la sociedad civil e incluso de los organismos internacionales y fondos de financiamiento de las actividades tendientes a promover una "vejez digna" ... Reuniones de gobiernos y expertos en San Salvador en 2004, en Buenos Aires, Madrid en 2005.... y pasó...
Debo a Odair Perugini de Castro el título de esta reflexión que quiero hacer pública. En efecto, ambas hemos sido catedráticas de universidades estatales: ella en Porto Alegre y aunque "no quisiera acordarme", quien firma, en la estatal Universidad de nuestro país. En su libro Envejecer: ¿un encuentro inesperado? pone el dedo sobre la llaga.
Y hay más. El diario La Prensa en su edición del pasado 14 de noviembre plantea muy alegremente –como ya se ha vuelto costumbre– la cuestión de la "presión" que ejercen los viejos sobre la pirámide de crecimiento de la población.
Como si el hecho de envejecer nos tomara por sorpresa (y creo que algunos prefieren tomarlo de este modo) o como "aquella cosa que hay que aceptar como una hernia inoperable que tenemos que aguantar...". Llegados a este punto me parece legítimo preguntarnos: ¿quién ejerce presión sobre quién? Miremos un poco las cifras. De una población de adultos mayores de 8.6% en nuestro país, se pasará a 14% en 2025 y a 22.3% en 2050. En términos de democracia electorera estamos hablando de una capacidad de representación política de aproximadamente un 10% de la población para las próximas elecciones en 2009. A nivel mundial son 610 millones de viejos de 60 a 65 años y para 2025 1.1 billones de una población que se calcula en 8.2 billones. De estos, para 2025, 72% de la población de adultos mayores se concentrará en los países en desarrollo.
La población joven de 15 años que en 1975 constituía 41% de la población mundial se reducirá a 33% en 2000 y a 26% en 2025. Inversamente, la población de adultos mayores irá creciendo en ese mismo período. La población global de más de 60 años crecerá en proporción de dos veces y media. Únicamente en Brasil para el año 2025 se contarán 35 millones de adultos mayores, alcanzando así el sexto lugar de la población de adultos mayores del planeta.
Si fuera cierto aquello de "hacer presión", sería justo preguntarse igualmente por las tasas de fertilidad, por las de mortalidad infantil o por los flujos migratorios de la población rural, por el mejoramiento de las condiciones sanitarias o por el avance de la medicina preventiva, por la esperanza de vida...todas condiciones que tienen que ver justamente con la "presión" ejercida sobre la pirámide de crecimiento de la población... pero eso no se mostrará...
Alegremente se anuncia la presentación de indicadores de calidad humana de la población de adultos mayores en Panamá... como si se pudiera mostrar una "calidad" separada del contexto de la población global... Sin embargo, en la reunión organizada entre otros por CEPAL/CELADE el pasado año en San Salvador, y justamente por insistencia expresa en el debate que siguió a la presentación de "indicadores", se exigieron "indicadores de calidad" para la población de adultos mayores. Ahora bien, se mencionan igualmente "acciones para frenar el endeudamiento permitido por la ley", pero se siguen manteniendo por ley variantes discriminatorias en razón de la edad. Perversamente se sigue pensando que llegados a los 75 años la muerte es inminente. Como si a los 20 ó a los 50 tuviéramos un contrato para "asegurarnos" la vida eterna.
Quisiera que me convencieran de que legislando contra el maltrato a los adultos mayores o a los niños estamos "reparando" con el látigo de la ley la ingratitud de los hijos o el desamor de los padres y madres. Y, por favor, díganme qué ley o decreto presidencial nos abrirá el camino para prepararnos a envejecer dignamente y ¿cuándo, en qué momento preciso estaremos allí en la línea de arranque de "ser viejos"? No es difícil ver entonces que el problema no radica en legislar sobre el tiempo y menos todavía sobre la edad de la jubilación... A quién entonces interesa este debate absurdo y ridículo de continuar con una política de "cuidados" intensivos o no, pero cuidados al fin, como si la población de adultos mayores estuviera enferma o discapacitada ...para llevarse el reconocimiento de ¿"bien cuidao"?
¿De qué sirven indicadores de calidad sin indicadores de participación? ¿O leyes sobre maltrato sin atacar la discriminación por motivos de la edad que se sigue manteniendo?
Entonces, es urgente que esta población de adultos mayores reclame una reconstrucción del entorno social con objetivos de desarrollo claros y bien diferenciados, sin que ello signifique que se abran nuevos guetos para jubilados pobres o ricos... ¿Sería pedirle peras al olmo? ¿Y por qué no?
