En relación con el atinado artículo "La mentalidad que debemos tener", de la ingeniera Yazim Valles Juliao, me interesa compartir reflexiones, sin conocer el antecedente que ella cita de la licenciada Dora Santanach. Dice la ingeniera que "si la mentalidad de nuestros jóvenes no es ésta, no hay nadie que los salve", refiriéndose, con razón, a la necesidad de luchar, estudiar y trabajar, en vez de la escoger la ruta común y creciente del pandillerismo.

Parto del siguiente enunciado: Dime en qué crees y te diré quién eres. El problema es que necesitamos una escala de valores coherente y continua en el tiempo y espacio. Como diría mi amada madre (q.e.p.d.): "se necesitan buenos ejemplos". Si aceptamos y asimilamos los buenos ejemplos (coherentes y continuos), de nuestros padres, profesores, reverendos, gobernantes y seductores (artistas, cantantes, etc.), todo mejora. Nada es totalmente perfecto, pero un valor extremo es buscar, procurar o luchar por lo perfecto o justo, todas las veces posibles; y arrepintiéndonos del error es como iniciamos su reparación.

Un segundo enunciado: La escala de valores en que viven nuestras comunidades, no está en crisis, ha sido sustituida. Son valores prominentemente materiales, por encima de los espirituales, ya sea para relegarlos o borrarlos. Y digámoslo así, tenemos miedo al mensaje de Dios; a afrontarlo. El problema se da cuando partimos de que ambas escalas son similares y no es así. La escala de valores materiales (EVM) la podemos resumir en tres deseos generales: plata (avaricia), poder (soberbia e ira) y placer (lujuria, gula) y un principio único: ver para creer.

Si buscamos una Escala de Valores Espirituales (EVE), buscamos algo más grande: amor, justicia y misericordia, y un principio general para llegar a ellos: Creer para ver, todo ello sin negar lo material, pero ubicarlo en segundo plano para así controlarlo.

Del amor podemos resumir que es: servir sin egoísmo y "hasta que duela"; de la justicia, sabemos que su fruto es la paz, pero ¿qué es lo justo? Se dice que lo justo es lo verdadero (el "no engaño", el sentido dado por el Creador de la vida); y la misericordia en realidad es un balance entre amor y justicia, ya que es amor compadecerse del débil y al aplicar justicia se puede pensar en misericordia, si existe arrepentimiento sincero.

Estoy seguro de que es un problema de varias generaciones, en las cuales las instituciones depositarias de valores: La familia, escuela, Iglesia activa y medios masivos con valores cristianos, deben ser fuertemente apoyadas por quienes luchamos para que mejoren nuestro presente y futuro, y se contrarreste el embate penetrante del cómodo, tradicional y único deseo material, que nos invade en los medios comerciales y en otras corrientes no tan diáfanas.