Según han comentado expertos en política -y otros que se la tiran de serlo- el presidente Martín Torrijos ganó las elecciones porque se metió a los jóvenes "en el bolsillo". Prometió una "Patria nueva" con un nuevo team lleno de gente brillante, honesta y con nuevas ideas que dejaría atrás el pasado del PRD.

Aunque comprendo la lógica detrás de esta idea, la realidad es otra: la generación que viene, viene igual o peor que la anterior. No solo hablo de los que están en sus 30 y ya están escalando la pirámide profesional y política; hablo también del grupo entre 18-25 que empiezan a ser ciudadanos activos.

Mis contemporáneos hablan de que "todo el mundo roba", "quiero ser político para ser rico", etc. La corrupción ya está tan arraigada en nuestra cultura, que los pela’os la ven normal. Solo nos debemos preguntar ¿quién educó a los jóvenes de hoy? Si tomamos en cuenta que han sido educados por padres, maestros, políticos, empresarios y medios de comunicación corruptos… pues, el resultado es obvio. No hay forma más poderosa de educar que dando el ejemplo. Y no diferenciamos en clase. El joven de bajos recursos sueña corruptamente igual que el de clase alta. Sus objetivos son diferentes, pero ambos buscan la mejor manera de "jugar vivo".

No estoy diciendo que no hay jóvenes trabajadores y honestos, porque los hay. Sin embargo, a muchos sobrepasarán las tentaciones porque no conocen un término crucial que debe guiar la vida de una persona: la ética. Más de la mitad ni siquiera sabe qué significa.

Para muchos, es normal "coimear" a un policía, pagar para sacar la licencia, o comprar a sus profesores, entre otras cosas. Lo ven como un acto de corrupción pequeño, sin mayores consecuencias.

¿Solución inmediata? No veo. Es como un círculo vicioso de corruptos educando a corruptos.

Tendría que pasar algo extraordinario para que se dé cambio en la mentalidad de los que ahora van al colegio; quizás un esfuerzo más grande de aquellos que todavía tienen ética.

La autora es empresaria