El debate nacional sobre la posible expansión del Canal y el papel que está jugando Fernando Manfredo, Jr., como agente cuestionador de la propuesta nos indujo a pensar, a primera vista, que tal vez nuestro viejo amigo había dejado de ser consistente en su tesis de que Panamá debe explotar al máximo de su capacidad su potencial geográfico, para beneficio de los panameños.
Pero a la luz de los cuestionamientos hechos, hemos concluido que Manfredo está contribuyendo como muy pocos, a despejar algunas dudas y a propiciar el debate nacional de altura sobre este vital tema para la vida nacional.
Y es que muy pocas personas conocen tan bien el Canal y su potencial como Fernando Manfredo, quien luego de haber participado en las negociaciones que culminaron en la firma de los Tratados Torrijos-Carter de 1977, se desempeñó como subadministrador y administrador interino de la desaparecida Comisión del Canal de Panamá.
Justamente, fue en la Comisión del Canal en donde establecimos lazos muy estrechos con Manfredo, cuando luchaba a brazo partido para que Estados Unidos honrara su compromiso de cumplir la letra y el espíritu de los tratados, particularmente en lo relativo a la participación creciente de panameños en todos los niveles dentro de la organización. Fue el éxito de este gran esfuerzo lo que garantizó que Panamá estuviese debidamente preparada para asumir con eficiencia el manejo de la vía acuática a la terminación del tratado del Canal de 1977.
Bajo el liderazgo de Manfredo, y con el aporte de panameños de la calidad de George Mercier, Ricardo Varela, Orlando Allard y Rodolfo Lammie, entre otros, se diseñaron planes y programas para impulsar la capacitación de panameños, especialmente en las áreas administrativas y técnicas. Programas como los de capacitación de prácticos, que tantas críticas y suspicacias levantaron en su momento, permitieron que el Canal llegara a 1999, año de la transferencia, con un mínimo de extranjeros.
Muchos en Panamá y en el exterior temían que el gradual incremento de prácticos panameños provocara un aumento en la incidencia de accidentes en el Canal. Pero para sorpresa de muchos, bajo el control de los panameños el Canal ha venido mejorando gradualmente sus índices de seguridad en las operaciones de tránsito.
Por ello, cuando se dice que los panameños hemos demostrado más capacidad para manejar el Canal que los norteamericanos, allí está presente Manfredo. Los planes y programas que llevaron al Canal de Panamá al punto en que se encuentra hoy día son en buena medida obra suya y de quienes lo apoyaron, desafiando los pronósticos de los escépticos.
Cuando el Canal fue utilizado como bandera de lucha por Manuel A. Noriega para justificar el continuado control del Gobierno, Manfredo se enfrentó a esa situación con valentía e integridad personal. A quienes suscribimos este artículo nos tocó acompañarlo en plena crisis durante una gira por América Latina, en la que expuso ante usuarios y clientes del Canal, la verdad de lo que estaba ocurriendo.
Ese gesto le valió al entonces subadministrador de la Comisión del Canal que cuando llegamos a Bogotá, última etapa de la gira, recibiésemos informes de inteligencia, según los cuales Noriega habría pedido la cabeza de Manfredo al grupo subversivo M19. Cualquier otra persona se hubiese quedado en Bogotá hasta que pasase la crisis, pero Manfredo viajó de vuelta a Panamá para asumir su responsabilidad en la administración del Canal.
Y cuando se produjo la invasión y el administrador del Canal, D.P. McAuliffe, decidió regresar a Estados Unidos indignado porque ni la CIA ni el Comando Militar Conjunto le habían informado de los planes, Manfredo asumió la responsabilidad del manejo del Canal, como administrador interino hasta septiembre de 1990.
Pero el aprendizaje de Manfredo sobre el Canal no terminó con su salida de esa organización. Durante los años 1991 a 1993, como miembro del consorcio Nathan Associates-Intercarib trabajó en los estudios de alternativas al Canal, que incluyó el análisis de un tercer juego de esclusas muy parecido al que ha propuesto la Autoridad del Canal, lo que le permite contar con información de referencia para opinar con autoridad sobre tan complejo tema.
Sin duda alguna que el país le debe mucho a Manfredo. Lamentablemente, él ha sido víctima de la mezquindad y de los criterios politiqueros. Su integridad e independencia lo llevaron al punto en que los "civilistas" lo veían como aliado de la dictadura, mientras que el dictador lo veía como traidor. En el medio de todo estaban, y siguen estando, los sagrados intereses del país.