Las apariencias son tan importantes como las realidades. ¿Qué hacía el caudillo Publio Pulcro en una fiesta exclusiva de mujeres en la Roma de Julio César? ¿Para que servía la animada conversación de un asesor ministerial con bandidos recluidos en el Centro Penintenciario La Joya?

A Publio lo movió el travieso Cupido: por el amor no correspondido de Pompeya, esposa de Julio César, se coló en la fiesta anual de la Buena Diosa. Su osadía fue descubierta. El patricio romano fue apresado, juzgado y condenado por engaño y sacrilegio. El patricio panameño fue defenestrado por televisión, que, en el imaginario colectivo, equivale a un juicio sumario sin vuelta de hoja.

En ese tribunal llamado cámara de televisión, quien defenestró, el presidente Martinelli, citó a Plutarco, quien relató en Vidas paralelas el incidente con Publio y la reacción de Julio César.

Consciente de la inocencia de Pompeya, su marido le recordó: “No basta que la mujer del César sea honesta; también debe parecerlo”.

Martinelli, como otros patricios panameños, han impreso creatividad al proverbio, al trocar por ‘aparentar’ el verbo final: ‘parecer’.

Se entiende el sentido, pero esos verbos tienen significados opuestos. ‘Parecer’ es ‘asemejar’ (hacer algo con semejanza). ‘Aparentar’ es dar a entender lo que no es. Lo contrario a ‘parecer’.

Publio actuó por amor y Julio César repeló a Pompeya por ira. Con el proverbio plutarquiano, Martinelli emitió un certificado de buena conducta al asesor. ¿Por qué actuó el asesor y a qué se pareció su proceder?

Cartel, cártel. Cartel procede del idioma provenzal y es aquella lámina grande de papel o de otro material en la que hay inscripciones o figuras. Cártel es vocablo de origen alemán y significa organización ilícita vinculada al tráfico de drogas o de armas, o es el convenio entre empresas similares para evitar la mutua competencia y controlar los precios y el mercado de un producto o productos determinados. (“Coloca el cartel en ese mural”, “Formaron un cártel para manipular los precios”).

Cebiche. Se escribe de distintas maneras. Se usa también ‘seviche’. La palabra procede de la lengua árabe, se cree. Es el platillo a base de corvina, camarones, pulpo y otros mariscos cortados en trozos pequeños y adobados en limón y con cebolla picada. (“Prefiero el cebiche de pulpo”).

Hubiese, hubiera. El verbo maldito, en el pretérito imperfecto, admite ambas opciones, poco común en la conjugación verbal. Hubiera o hubiese/hubieras o hubieses/ hubiera o hubiese/hubiéramos o hubiésemos