No se conoce con exactitud acerca de la estructura mental de los perros, a pesar de haberlos estudiados de todas las formas, individual y en comunidad. Hay muchas teorías sobre su inteligencia y capacidad, pero ni la ciencia pudo ser del todo eficiente en un concepto definitivo acerca de este tema.
Generalmente, cometemos el error de querer comprenderlos a través de los parámetros que las personas manejamos, pero se llega a un punto, en el cual ellos trascienden nuestra posibilidad de entendimiento.
Miles de anécdotas, protagonizadas por perros, los relacionan más con una capacidad paranormal que otras propias por los humanos. Pero basta con haber convivido con ellos en una oportunidad para darnos cuenta de que su compañía es esencial. Siglos de domesticación han hecho que los perros se adapten a diferentes tipos de entornos diseñadas para la gente, pero ellos tienen sus propias necesidades.
Para poder brindarles lo que nuestros amigos caninos requieren, es esencial tener en cuenta que nuestros móviles y objetos de felicidad y placer no se parecen al de ellos. El uso del olfato, la exploración y el ejercicio son primordiales para evitar su frustración, previniendo así la tan dañina ansiedad.
Si bien, cada perro es diferente a otro, dependiendo de su raza e información genética, lo que prioriza en ellos, es su condición de cánidos, y, en este punto, todos son iguales. Alimento, el libre desarrollo de su funcionalidad y un jefe confiable que les marque el rumbo serán suficientes para formar perros sanos y equilibrados.

