Los perros no manejan los valores de lo que está bien o mal, acorde a lo que son nuestros parámetros humanos; para ellos, hacer pozos en el jardín, marcar los muebles con su orina y morder objetos es natural y no lo hacen por molestar. Si pretendemos explicarles su hipotética mala acción o nos enojamos cuando encontramos el hecho, de nada nos servirá.
Cuando regañamos a nuestros perros tiempo después de un determinado hecho, ellos se pondrán en actitud de sumisión, ya que sentirán la desagradable energía del enojo, pero no sabrán qué está sucediendo. Solo si los encontramos con las patas en la masa, podrán asociar la acción con nuestra corrección. Es raro que su perro haga algo malo en su presencia, ya que la asociación de represión es su persona. Por ejemplo, para evitar la excavación, una solución es esconderse para observarlos y emitir un sonido desagradable o un “no” por medio de un equipo de sonido en el momento del hecho.
En cuanto a la marcación de territorio, cuando más encierre a su perro para que no marque, más necesidad tendrá de remarcar el lugar con su orina. Déjelo pasar y limpie sus sitios habituales de marcación con vinagre blanco, productos del mercado que atraen y repelen u otros sin amoníaco. Para evitar que destruya objetos, redireccione su conducta con elementos que pueda morder y le resulten atractivos, existen juguetes llamados kong que se pueden rellenar con comida o manteca de maní que lo entretendrán por horas, convirtiéndolo en un hábito de juego y liberación de ansiedad.