El 29 de septiembre, el presidente José Raúl Mulino hizo un alto en su agenda para anunciarle al país una buena nueva: el desempleo había bajado. La tasa de desocupación pasó de 10.4% a 8.5%, según la última Encuesta de Mercado Laboral.

Y sí, es una buena noticia. Que más personas encuentren trabajo y que la tasa de desempleo disminuya es un dato positivo para la economía y, sobre todo, para quienes logran incorporarse al mercado laboral.

Pero apenas llegó el anuncio, también comenzaron las críticas y las preguntas sobre qué hay detrás de ese 8.5%. Porque una cosa es el dato que muestra la estadística y otra es cómo se vive el mercado laboral en la calle.

Durante los días siguientes nos dedicamos a revisar las cifras, conversar con analistas, con profesionales que trabajan, con personas que generan empleo y a seguir esos espacios virtuales en los que se comenta de todo y donde las cifras oficiales suelen enfrentarse con la experiencia cotidiana.

Y hay que decirlo: había motivos para celebrar la reducción del desempleo. Pero también había desconcierto entre algunas personas. Y no necesariamente porque el dato estuviera mal, sino porque la realidad laboral es compleja.

Así que vale la pena detenerse en ese número y explicar qué está ocurriendo realmente con el empleo en Panamá.

El marcador mejora, pero el partido no se ha ganado

En las cifras macroeconómicas, la última Encuesta de Mercado Laboral dejó un titular positivo: la tasa de desempleo en Panamá bajó del 10.4% al 8.5%. Esto significa que hay 77,231 personas menos en condición de desempleo que el año pasado. Sin embargo, en la conversación cotidiana de las familias panameñas, la noticia no se ha recibido con bombo ni platillos. ¿Por qué puede ocurrir la desconexión entre la estadística y la percepción ciudadana?

La respuesta está en la acumulación. El país viene de arrastrar el peso de un mercado laboral fuertemente impactado en los últimos años. En el fútbol, cuando un equipo va perdiendo por goleada y logra anotar un gol, el marcador mejora, pero la sensación de urgencia y desgaste no desaparece. Una baja de 1.9 puntos porcentuales es un paso en la dirección correcta, pero 189,188 personas continúan sin encontrar un puesto de trabajo.

Para entender la magnitud real de esta cifra y ponerle rostro humano a las estadísticas, conviene llevar los números a un escenario que todos conocemos en Panamá.

El desempleo a la escala del Rommel Fernández; ¿qué está pasando en la cancha?
El tamaño del desempleo a agosto de 2026.

Jóvenes y mujeres en la banca

El desempleo no afecta a todos por igual. El promedio nacional esconde desigualdades profundas entre distintos grupos demográficos.

En primer lugar, existe una clara brecha de género: mientras la desocupación en los hombres se sitúa en un 7%, en las mujeres escala al 10.4%.

El dato del desempleo femenino adquiere otra dimensión en una sociedad donde casi 4 de cada 10 hogares panameños tienen a una mujer como jefa de hogar.

El desempleo a la escala del Rommel Fernández; ¿qué está pasando en la cancha?
La brecha sí existe

Por otro lado, la crisis laboral es predominantemente juvenil. Para un joven en Panamá, conseguir trabajo sigue siendo una carrera con obstáculos gigantescos: las personas de 15 a 19 años registran una tasa de desocupación del 26.3%, mientras que en el rango de 20 a 24 años la cifra se mantiene alta en un 22.6%.

El desempleo a la escala del Rommel Fernández; ¿qué está pasando en la cancha?
Los jóvenes en el mercado laboral.

A esto se suma la barrera de la experiencia. El 28.6% de los desempleados del país jamás ha tenido un trabajo (54,068 personas). Están ante un mercado que exige experiencia previa para contratar, pero no siempre ofrece las primeras oportunidades para construirla.

La presión en el mapa urbano

El desempleo tampoco se distribuye de forma uniforme en la geografía panameña. La desocupación es un fenómeno abrumadoramente urbano, concentrado en el eje económico del país.

En la ciudad, donde el costo de la vida y el acceso a servicios básicos dependen exclusivamente del ingreso monetario diario, la falta de empleo genera una vulnerabilidad inmediata. Al analizar el mapa nacional, salta a la vista que la inmensa mayoría de las personas sin empleo se agrupan en tres provincias específicas.

El desempleo a la escala del Rommel Fernández; ¿qué está pasando en la cancha?
Desempleo por región geográfica.

Panamá, Panamá Oeste y Colón acumulan más del 72% de todos los desempleados de la República.

Esta fuerte localización en la región de la ruta transístmica explica por qué en las áreas metropolitanas la sensación de escasez laboral es mucho más aguda que en el interior agrícola o en las comarcas indígenas.

Hay un elemento importante para leer correctamente estos datos: cada región tiene un tamaño diferente de población económicamente activa. Por eso, no basta con mirar cuántas personas están desempleadas en términos absolutos. También hay que observar qué proporción representan dentro de la fuerza laboral de cada territorio.

La sombra de la precarización

Existe un factor determinante para entender por qué algunos no celebran la baja del desempleo: la calidad del trabajo disponible.

Estar “ocupado” no siempre equivale a tener estabilidad o un salario digno. De acuerdo con los datos oficiales de la Encuesta de Mercado Laboral de agosto de 2026, el 45.8% de la población ocupada no agrícola labora en condiciones de informalidad, sumando a 784,244 trabajadores.

Las tres realidades de la informalidad

1

Empresas del sector informal: 568,807 personas trabajan en unidades económicas no constituidas formalmente.

2

Informalidad dentro del sector formal: 136,951 personas laboran para empresas constituidas y registradas, pero bajo esquemas informales (sin contrato escrito formalizado o sin cotizar a la Caja de Seguro Social).

3

Hogares y servicio doméstico: 78,486 personas realizan labores en viviendas particulares sin cobertura de seguridad social.

La precariedad laboral se refleja de forma directa en los ingresos recibidos. Aunque la mediana del salario mensual de los empleados a nivel nacional se sitúa en $769.40, amplios sectores de la población están lejos de esa cifra.

1

Sector Agropecuario: La mediana salarial de los empleados agrícolas es de apenas $353.50 al mes. Servicio Doméstico: La mediana salarial se ubica en $325.90 mensuales.

2

Ocupaciones Elementales / No Calificadas: Trabajadores en labores elementales de construcción, comercio e industria devengan una mediana de $516.10.

3

Distribución de ingresos: Un 14.7% de todos los empleados del país devenga menos de $400.00 mensuales (incluyendo un 2.5% que percibe menos de $100.00 al mes).

Las señales que anticipaban la caída del desempleo

Para el analista laboral René Quevedo, la reducción del desempleo no llegó de sorpresa. Antes de que la tasa bajara, ya había señales que apuntaban a un fortalecimiento del empleo formal privado.

Entre ellas menciona el aumento de las recaudaciones de la Caja de Seguro Social y del Seguro Educativo, el crecimiento de los contratos laborales tramitados por el Ministerio de Trabajo y la fuerte venta de vehículos nuevos. También observa una mejora en el consumo y una reducción de la morosidad bancaria, particularmente en préstamos hipotecarios, personales, tarjetas de crédito y autos.

Para Quevedo, estos indicadores muestran que “alguien” está comprando carros como nunca, cotizando a la CSS, pagando el Seguro Educativo y poniéndose al día con sus compromisos financieros.

Pero el dato del desempleo también abre otra discusión: la calidad de los empleos y el nivel de los salarios.

Según su análisis, aunque el 76% de los empleos formales corresponde al sector privado, solo una quinta parte de esos trabajadores recibe salarios superiores a $800 mensuales. En contraste, la mayoría de quienes superan ese nivel de ingresos son servidores públicos.

Aquí aparece, a su juicio, uno de los principales retos de la economía panameña: la generación de empleos de mayor calidad depende de que vuelva a crecer la inversión productiva.

Quevedo señala que entre 2018 y 2025 hubo una importante reducción de la inversión productiva, tanto extranjera como pública y del financiamiento bancario destinado al sector productivo.

Por eso, considera que la discusión no debe quedarse únicamente en cuántas personas tienen trabajo, sino en qué tipo de empleo se está creando y cuánto paga. Para mejorar esos indicadores, sostiene, Panamá necesita recuperar la confianza de los inversionistas y transmitir que invertir en el país es un buen negocio.

De lo contrario, advierte, “seguiremos siendo una economía de informales y funcionarios financiada con plata prestada”.