Pateando la mesa: ¿Qué sentido tiene el fútbol de Lionel Messi?

Ayer, antes de que arrancara el partido, recordé que cuando Argentina ganó el Mundial de Catar pensé que alguien debía tomar la camiseta número 10 de Lionel Messi. Lautaro, McAllister o algún talento emergente. Me parecía la mejor manera de cerrar la carrera más extraordinaria que ha visto este deporte. Ya no había nada más por demostrar.

Han pasado tres años y medio desde aquella noche en Lusail y, sin embargo, Messi volvió a recordarnos en Atlanta que todavía estamos viendo algo irrepetible.

Poner en contexto que tiene 39 años y que disputa su tercera temporada en la MLS pierde completamente el sentido cuando observas los últimos quince minutos que jugó frente a Egipto. Perdió un penal, estrelló un tiro libre en el poste, asistió a Cristian Romero para el descuento, marcó el empate con una volea de zurda y lideró la reacción de una Argentina que estaba al borde de la eliminación.

La campeona del mundo perdía 2-0 al minuto 67. Egipto había ejecutado un plan perfecto: presión alta cuando podía, bloque bajo cuando debía y contragolpes letales con Mohamed Salah y Haissem Hassan. Incluso el VAR ya le había perdonado una tercera anotación a los africanos. Parecía una de esas noches en las que hasta los mejores terminan aceptando que el fútbol no siempre recompensa.

Pero Messi decidió que no.

En apenas trece minutos, Argentina transformó una derrota histórica en una remontada épica. Primero apareció el cabezazo de Cristian Romero tras un centro quirúrgico del capitán. Después llegó el empate con una volea que solo un futbolista con esa lectura puede ejecutar en medio del caos. Y cuando Egipto todavía intentaba entender qué había ocurrido, Lautaro Martínez condujo el contragolpe definitivo para que Enzo Fernández firmara el 3-2 en tiempo de reposición.

Nadie sabe hasta dónde llegará la vigente campeona del mundo. Lo que sí queda claro es que Messi sigue rompiendo récords, estadísticas y hasta las reglas de la física con su fútbol. Hoy lidera la tabla de goleadores del Mundial con ocho tantos y llegó a 21 goles en la historia de las Copas del Mundo, ampliando una marca que parecía imposible de alcanzar.

El debate terminó hace tiempo. Messi es el mejor futbolista de la historia, tanto por el fondo como por la forma. Lo fue durante muchísimos años en Barcelona y terminó de confirmarlo con Argentina, donde, además de su talento, logró incrustar un ADN competitivo en una generación que juega cada partido como si fuera el último. Esa transformación también lleva su firma.

Desafortunadamente ya vimos el último Mundial de Luka Modrić, eliminado en dieciseisavos, y también el de Cristiano Ronaldo, que se despidió en los octavos de final. Ahora solo queda disfrutar cada minuto del sexto Mundial de Lionel Messi, porque cuando termine el 2026 no habrá un séptimo.

Y, sinceramente, no estamos preparados para el final de esta era.


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