Lo que comenzó como una oportunidad compartida entre amigos terminó convirtiéndose en uno de los logros más importantes en la carrera de Ernesto De León.
El diseñador gráfico panameño se convirtió en uno de los ganadores del concurso que dio vida al avión oficial que transportará a la selección de Panamá rumbo a la Copa del Mundo 2026.
“Me enteré del concurso porque varios amigos me mandaron el enlace… y dije: ‘tengo que participar’”, recordó De León, quien no dudó en involucrarse en una iniciativa que unía dos de sus pasiones: el diseño y los aviones.
Desde ese momento, el proceso creativo comenzó con disciplina y enfoque. Durante varios días trabajó en distintas propuestas hasta encontrar el concepto adecuado. Su inspiración partió de un elemento clave: la identidad de la selección nacional.
“Me inspiré en el escudo nuevo de la Fepafut… agarré el águila y comencé a diseñar”, explicó durante la entrevista con La Prensa.

El resultado fue una propuesta que logró conectar con el jurado, destacando entre cientos de diseños, en la que participaron más de 700 personas. Sin embargo, el momento en que supo que era uno de los ganadores estuvo marcado por anécdotas: se encontraba de viaje, sin conexión constante, esperando una respuesta que cambiaría su carrera.
“Cuando revisé el correo decía… ‘tenemos una noticia importante para ti’… yo dije: eso tiene que ser el ganador”, contó el chitreano, de 37 años.
Poco después, la confirmación llegó a través de una llamada que selló uno de los momentos más emocionantes de su vida profesional.

Más allá del reconocimiento, De León entiende este logro como un punto de inflexión.
“Representa un gran paso en mi carrera… me llena de orgullo”, afirmó, consciente del impacto que tiene ver su trabajo convertido en un símbolo nacional que recorrerá el continente.
Ese sentimiento alcanzó su punto máximo durante la develación oficial del avión en la fábrica de Boeing, en Seattle, Estados Unidos. Allí, frente a la aeronave terminada, el diseñador vivió una experiencia difícil de describir.
“Ver el avión en persona fue algo… estaba llorando, porque ver mi diseño ahí… no lo podía creer”, confesó. La magnitud del proyecto, sumada al resultado final —un avión rojo, brillante y cargado de identidad panameña—, convirtió ese instante en algo inolvidable.
“Cuando vi el águila… me sentí muy feliz por el resultado”, concluyó.
