Son personitas encantadoras y optimistas. De esas que nunca verán el vaso demasiado vacío sino medio lleno. Así son Los Pitufos, personajes que aparecen por primera vez en el semanario Le Journal de Spirou en 1958 y que son creación del dibujante Pierre Peyo Culliford.Este fin de semana se estrenó en Panamá la tercera versión cinematográfica de estos seres que se hicieron famosos por una serie de televisión estadounidense entre los años 1981 y 1990.

El resultado es regular. La historia como tal es demasiado básica: de buenas a primeras el villano Gárgamel (que odia a los Pitufos porque ellos son una familia, una experiencia que él nunca podrá tener) logra entrar a la aldea comunitaria de Los Pitufos y por culpa de Tontín (cada Pitufo recibe el nombre de acuerdo a su forma de ser o sus acciones u oficio) escapan por un camino equivocado que los lleva hasta Nueva York. Sin palabras.

Claro, el argumento reitera lo que la serie de televisión se esforzó por enseñar: que la unidad hace la fuerza, que en un clan todos son uno, que se debe aceptar a los demás con sus aciertos y defectos, y que la responsabilidad de los adultos es velar por el grupo en general.

Estas lecciones son una maravilla, el detalle es cómo se cuenta a través de un guión sin sustancia.

El problema es que existe Pixar, un estudio que ha elevado el cine familiar/animado a niveles muy altos como para que uno se sienta conforme con la trama llena de buenas intenciones de Los Pitufos, pero que no tiene la suficiente coherencia.

El otro escollo es que se decidió que los seres azules surgieran de un ordenador y los colocaron con personas de carne y hueso, y esa técnica no termina de cuajar porque se nota que hay algo falso de por medio.

La dirección de Raja Gosnell es de mediocre para abajo. Este cineasta tiene la extraña habilidad de hacer una película peor que la anterior. Acá hace un molotov entre Alvin y las Ardillas y Encantada, con un resultado que da ganas de llorar.

Se está especializando Raja Gosnell, como diría la crítica Nell Minow, del periódico Chicago Sun-Times, en hacer películas tipo comida chatarra, que sabrán ricas al principio, pero pronto te das un golpe de conciencia porque sabes que no consumiste nada saludable.

Las actuaciones de Neil Patrick Harris, Jayma Mays, Hank Azaria y Sofia Vergara están siempre en un tono de exageración, de falsete. ¿Por qué? Sus personajes son más que estereotipados, son lineales, predecibles, imprecisos, sin fuerza.