Por desconocimiento del tema, son pocas las personas que al comprar un cachorro se plantean de dónde viene. Es comprensible, que cuando la tierna mirada de un perro toca la fibra más sensible del corazón, lo que menos se nos ocurre es pensar en su origen, pero hay que hacerlo.Con la crisis económica, la crianza canina ha sido una de las opciones más evaluadas por los que buscaban una salida rápida y sin sacrificios, pero claro, una cosa es el cálculo matemático de multiplicar hembras cruzadas y otra la realidad, de una actividad, que está lejos de ser sencilla y rentable. Los cachorros criados como animales de producción son solo objetos que, difícilmente, tienen los cuidados mínimos a nivel de salud y menos en lo afectivo.En contrapartida a esto, también encontramos meticulosos canófilos que dejan la vida en la atención de sus animales, apasionados por una raza canina, en la que gastan más de lo que ganan, seleccionando incluso a los compradores de sus cachorros, a los que les duele vender. La mayoría de estos canófilos responsables muestra a sus perros en exposiciones caninas, con todo el orgullo de presentar dichos ejemplares, que son parte de su familia, a la que no solo le dan todo su cariño, sino cuidados.Si usted compra un cachorro, porque le da pena y lee en sus ojos ”sácame de aquí”, sepa que detrás de él vendrán cientos de perritos ofrecidos y criados en las mismas condiciones. No apoye la venta de animales como mercancía, adopte o diríjase a lugares serios que puedan avalar su actividad con una trayectoria transparente.