Conociendo cómo funciona la psicología de un perro, podremos con una simple lógica comenzar a corregir sus problemas, sin necesidad de ser un experto en la materia.
Por ejemplo, si su perro llora detrás de una puerta y usted va a calmarlo cada vez que lo hace, entenderá el llanto como mecanismo de llamado para complacer su necesidad y, en consecuencia, seguirá llorando.
O si en los paseos el can tira su correa y usted avanza, él entenderá que es la manera de continuar ejerciendo su decisión.
Y si tuviera un juguete en su hocico, gruñe cada vez que intentan quitárselo y usted se aleja, él sabrá que con el gruñido podrá conservar su presa.
Estos casos sirven para entender que ellos ejercen mecanismos que aprenden constantemente, muchas veces sin que usted se dé cuenta.
Los perros no pueden discernir cuándo usted les está enseñando y cuándo no, o sea, que todo el tiempo es un permanente aprendizaje que, dependiendo de la cantidad de repeticiones y la lucidez del animal, quedará arraigada como conducta.
Los perros son animales de jauría y por ende, se manejan con jerarquías; cada acto que se ejerza o situación que se plantee en la que ellos tengan la decisión de la acción final, tendrán como lectura que son los líderes absolutos de la familia.
No olvide que al domesticar un perro, las personas con las que convive pasan a ser sus compañeros de jauría, manejando escalafones que marcarán las conductas de dominio o sumisión. Los perros pequeños no están exentos de esto y aunque resulte gracioso debido a su tamaño, la falta de normas y límites desbalancean su estructura psicológica.
