El culto al consumismo es cada vez peor en el mundo entero y Panamá está bastante distante de ser una excepción a esta triste realidad. Ir a un centro comercial por estos días es una aventura tan riesgosa que ni Indiana Jones lograría sobrevivir. Gente de aquí para allá comprando algo, lo que sea, con tal de sentir que la felicidad espiritual te la da un obsequio material.

¿Cómo logran las empresas convertirnos en esta clase de personas tan vacías y superficiales? Una posible respuesta la encuentran en el altamente recomendado ensayo “Brandwashed – El lavado de cerebro de las marcas” (Editorial Norma), de Martin Lindstrom.

¿Qué hacen las grandes industrias como mecanismos de mercadeo y promoción? Para vender, indica este investigador, las grandes marcas hacen prácticamente lo que sea para que los consumidores las prefieran a la hora de elegir un producto por encima de otro.

Por ejemplo, poner en los almacenes música de la época de sus compradores promedio para que se sientan a gusto mientras ven la mercancía disponible o darle a los médicos caramelos para que los galenos se los regalen a las mujeres embarazadas para que los hijos de ellas sean futuros compradores de ese confeti en particular.

Plantea Lindstrom que algunas empresas no te animan a estar más sano porque es importante hacer ejercicios con regularidad o tener una permanente higiene corporal adecuada, sino que nos alimentan de miedo e inseguridades nuestras mentes al indicarnos qué terrible sería ser una persona con sobrepeso o cómo conseguirás novia si tienes un aliento raro. Después de leer esta obra de Lindstrom uno ve con otros ojos los anuncios comerciales que abundan en los canales de televisión, en gigantes vallas de calles concurridas, en nuestros correos electrónicos y un largo etc.