Los arqueólogos que excavan las ruinas de una ciudad bíblica en Cisjordania están escribiendo un capítulo más de una historia centenaria interrumpida por dos guerras mundiales y frecuentes turbulencias en el Medio Oriente.
En un terreno urbano que los habitantes de Naplusa utilizan para depositar basura y piezas de autos, arqueólogos holandeses y palestinos están conociendo mejor la antigua ciudad de Siquem y se aprestan a abrir el lugar al público como parque arqueológico el año próximo.
El proyecto, auspiciado por el Departamento Palestino de Antigüedades, también quiere que los palestinos del lugar conozcan el tesoro de antigüedades que oculta su ciudad, acosada en el último decenio por la guerra y el aislamiento.
“La población local empieza a comprender muy bien el valor del sitio, no solo su valor histórico sino el valor que tiene para su propia identidad”, dijo Gerrit van der Kooij, de la universidad holandesa de Leiden, quien dirige las excavaciones.
“La gente local tiene que sentirse responsable del patrimonio arqueológico de su vecindario”, añadió.
La temporada de excavaciones finalizó esta semana en el lugar, cuyo nombre local es Tel Balata.
La ciudad de Siquem, situada en un paso entre los montes Gerizim y Eibal, dominaba la llanura de Askar hacia el este y era un importante centro regional hace más de 3500 años.
Tal como lo demuestran las ruinas, contaba con sólidas murallas, puertas monumentales y un templo con muros de cinco metros de espesor.
El rey Labaya de Siquem es mencionado en las tablas cuneiformes del archivo faraónico hallado en Tel al-Amarna, Egipto, del siglo XIV a.C. El rey se había rebelado contra el faraón, quien envió un ejército a someterlo.
La misión fracasó. En el relato bíblico, el patriarca Abraham se encontraba cerca de Siquem cuando Dios le prometió que entregaría la tierra de Canaán a sus descendientes en el Libro del Génesis.
Cientos de años más tarde, los israelitas que huyeron de Egipto trajeron el cuerpo de José, hijo de Jacob, y lo enterraron en Siquem.
Hace dos milenios, los romanos abandonaron el lugar original y construyeron una ciudad nueva hacia el oeste, llamada Flavius Neapolis.
