Es imposible pasar por alto la importancia que tienen los animales como integrantes de las familias en la sociedad de hoy.
Ellos ocupan el lugar que se han ganado a través de la historia, como incondicionales compañeros del hombre.
Hablar de los beneficios que ellos representan y traen a la comunidad sería como hablar del valor o las bondades de la amistad o el amor mismo. Los animales nos contactan con la esencia de la creación.
Iconos de las artes, la ciencia, la filosofía y las letras, no casualmente los han valorado y defendido con conclusiones inteligentes y sensibles que trascienden los tiempos. Una de las que más me llamó la atención fue la del filósofo alemán Arthur Schopenhauer quien dijo: “La conmiseración con los animales está íntimamente unida con la bondad de carácter, de tal manera que se puede afirmar de seguro, que quien es cruel con los animales no puede ser buena persona”.
Los niveles de comunicación que los animales desarrollan, por ejemplo, en los niños, son indiscutibles, así como también la movilización de la fibra sensible, tan importante para aprender a cuidar, valorar, sentir, respetar y querer, aprendizaje que se traslada a otras personas y áreas de la vida.
Es verdad que ocuparse de un animal lleva tiempo, pierden pelo, comen, se enferman, hay que sacarlos a caminar y requieren de afecto, pero no más que cualquier ser vivo que nos rodea. No vamos a entrar en el terreno de lo que ellos hacen por nosotros en lo referente a la salud, protección, zooterapia, y como auxiliares del trabajo, esto sería reconocerlos solo por su utilidad, y ellos realmente trascienden a esto.
