Fue un 4 de diciembre de 1982, en Melbourne, Australia, cuando el pastor Boris Vujicic y su esposa, la enfermera Dushka Vujicic, levantaron a su hijo recién nacido para descubrir que no tenía brazos ni piernas. Quizás en ese momento doloroso nunca pensaron que Nicholas Nick James Vujicic estaba llamado a transformar el mundo con su ejemplo de superación y su fuerza motivacional.

Con el lema “Sin manos, sin piernas, sin límites”, el carismático Nick llegará a Panamá a fin de mes para dos grandes presentaciones: el 31 de agosto a las 6:00 de la tarde en el estadio Rod Carew y el 31 de agosto a las 12:00 mediodía en el Salón Panamá del Hotel Riu.

Carlos Iván Mantilla y Nancy Acosta, pastores directores de la Fundación El Hijo del Carpintero (www.elhijodel carpintero.org), son los gestores de la presentación del hombre que ha vencido las barreras de la discapacidad.

“Nick viene a dar un mensaje a los panameños: nada es imposible cuando se tiene confianza en sí mismo y en la gracia de Jesucristo”, expresó Mantilla.

Dijo que el evento del Hotel Riu está más dirigido a empresarios, mientras que el del Rod Carew es masivo, con énfasis en la juventud, un sector en el que Nick pone especial interés.

NACIDO PARA GANAR

Desde su niñez, a Nick le tocó vivir una sucesión de episodios angustiosos, que a los ocho años sembró en él la idea del suicidio. Después de rogar a Dios por unas piernas y unos brazos, todo cambió. Nunca claudicó, al contrario, se dio cuenta de que su discapacidad era fuente de inspiración para muchos.

La enciclopedia digital Wikipedia señala que a los 21 años Nick obtuvo la licenciatura en Contabilidad y Planificación Financiera. Inició su carrera como orador motivacional con temas dirigidos hacia la juventud. “Dicta charlas para el sector corporativo, aunque se enfoca en ser un orador motivacional internacional tanto para comunidades cristianas como no cristianas”.

Se necesitaría mucho papel y tinta para resumir los logros de este singular australiano, quien ha expuesto sus alentadores mensajes en cuatro continentes (África, Asia, Oceanía y América), en alrededor de 30 países y con 12 mil personas cara a cara.

No tiene brazos ni piernas, pero sí un corazón capaz de sembrar fe en que siempre habrá esperanzas.