Zambullirse en el agua es una diversión, pero hay quienes prefieren hacerlo en la playa o en la piscina. Yo me uno a los amantes de la piscina. ¿Las razones? Hay muchas.

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CONTRAPUNTEO: Piscina

No tengo que lidiar con la sal de la playa por horas, situación que incomoda bastante.

Además, en las playas no hay duchas para quitarse la sal de encima, solo la de los hoteles y son para los huéspedes.

También está la arena, con la cual hay que lidiar hasta llegar a la casa, lo que no me parece nada agradable, ya que dependiendo de qué tan lejos esté la playa a la que se asista, esta odisea puede durar más horas de las que se quisiera. ¡Algo intolerable!

Mientras que al salir de una piscina, de inmediato nos podemos duchar y olvidar esa sensación de pegajosidad incómoda.

Además, el agua en una piscina se puede disfrutar mejor porque no hay que combatir máscara contra cabellera con las olas, situación que empeora en la época lluviosa.

Y si bien es cierto que tanto en las piscinas como en las playas se corre el riesgo de sufrir un accidente, en esta última los riesgos son mayores debido a su dimensión; no se puede dar un mayor control de la situación, todo puede pasar.

En una pileta –como le llaman en Argentina– este asunto se controla más, ya que en ella se puede determinar con mayor exactitud las zonas más profundas y así evitar accidentes. Esto permitirá disfrutar de un día familiar sin mayores riesgos.

Otro punto a favor son las aguas cristalinas de la piscina, que te permiten observar de forma clara si hay algo extraño en el fondo. Esta sí es una ventaja, porque en el caso de las playas no todas son cristalinas, situación que no te dejará observar que puedes tocar tus pies. Sé de casos de gente que se ha cortado con rocas o con vidrios. Es como caminar con los ojos vendados.

Por otro lado, hay estudios que demuestran que las albercas –como se les conoce en México y Honduras– se pueden utilizar con fines terapéuticos.

Por estas razones prefiero pasar un buen rato, aunque sea con un olor a cloro, en una piscina, que quedar impregnada de arena y sal en alguna playa.

La autora es periodista