To speak or not to speak English, tan sencillo como eso.

Quienes aparte de su lengua materna dominan el inglés, aventajan a quienes no, porque –está comprobadísimo– es el pasaporte a mejores oportunidades de estudio y trabajo.

Por ello, millones de personas lo estudian como segunda lengua (ESL: English as a Second Language). ¡Y se salvan! Veamos.

Una persona de Benín se encuentra con una de Guna Yala en Japón. El africano no conoce el idioma del guna ni este el de aquel. Tampoco habla español el primero, que sí lo habla el segundo, porque es su segunda lengua. Ni este conoce el francés, que aquel domina, porque es su segundo idioma. Pero ambos hablan inglés (que en ambos casos es el tercer idioma, o lo que se conoce como EFL, English as a Foreign Language) y logran comunicarse. Y por ello logran una beca para estudiar Lingüística Aplicada en una universidad en el país del sol naciente, donde el requisito es que los estudiantes hablen y escriban en inglés, porque los cursos son en inglés. De otra manera tendrían que hacer un común callarse.

En mi caso, tengo por misión desmitificar al “cuco”, que los estudiantes se atrevan a desnudarlo y a perderle el miedo. Y nos divertimos tanto en clase: Only English! a través de actividades lúdicas. Le van tomando gusto y van perdiendo el miedo. A eso se reduce el que muchas personas no lo hablen fluidamente: al miedo –en algunos casos pavor– a equivocarse, que no se den a entender o que no puedan entender a los demás; el miedo a que se burlen de su pronunciación.

Gústele a quien le guste, el inglés es el idioma universal (negocios, comercio, publicidad, deportes, ciencias), y quien no aprende a hablarlo, se va quedando rezagado en la categoría de “corto de lenguas”.

(La autora es ´teacher´ de inglés, narradora oral y poeta).