El actor o actriz que verdaderamente se precia de serlo debe poder actuar en cualquier circunstancia, escenario, set de TV o de cine. El actor es una persona que ha seguido exhaustivos estudios, tiene una cultura amplia y sobre todo disciplina. En el teatro no hay llegadas tarde. Si no llegaste, simplemente te reemplaza tu sustituto... En el cine hay gente a la que esperan incluso mientras va a desintoxicarse.
En el teatro cada experiencia es irrepetible, cada noche es diferente, cada público retroalimenta al actor y se convierte en la llamada cuarta pared. Allí no hay más espacio que para el trabajo fuerte, el ensayo hasta la perfección y, después, el disfrute de cada función como si fuera la mágica primera. Con cada presentación vuelven los nervios y la excitación, así hayan transcurrido tres años presentando la misma obra, diciendo las mismas líneas, poniendo el mismo maquillaje y el mismo vestuario... Todo es viejo y todo es nuevo: la persona, la voz, su presencia, su talento.
En cine la magia es relativa, todo son momentos. Incluso la voz la doblan meses después de terminada la filmación. Muchas veces, los mismos directores, que saben muchísimo de cine, no saben nada de cómo dirigir actores.
Los grandes actores y actrices se ponen a prueba en Broadway, porque allí no hay artilugios con que maquillar una mala actuación. Ellos ponen la vida en cada escena, porque saben que no hay una segunda oportunidad para hacerlo bien.
La autora es actriz de teatro y empresaria